Transpirenaica 2002, ¡que locura!

Así ocurrió hace trece años………….y así lo contaba.

Prólogo

….. Ya el año pasado, cuando mi buen amigo Fran me enseñó las fotos de lo que había sido su primera transpirenaica (desde Pont de Suert hasta Hondarribia), me dije, el año que viene no puedo fallar. Y efectivamente, ya en Febrero cuando fuimos a esquiar, empezamos a comentar cuándo serían las fechas idóneas para ir este año y a preparar todo lo necesario para la aventurilla.

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Llegada a Llanca

Después de debatir las fechas más adecuadas, ya que teníamos que ponernos de acuerdo Fran, Txetxu, Ander, Félix y yo, fijamos la fecha de salida el 6 de Junio y la de regreso el 15 de Junio, para así completar las 8 etapas de la primera parte de la Transpirenaica, más los dos días que necesitábamos para ir a Llançá y regresar posteriormente, una vez finalizado el recorrido, desde Pont de Suert a Bilbao.

Dicho y hecho, dos días antes de salir tuvimos una pequeña “ reunión “ para aclarar lo que debíamos llevar, y que nadie se olvidara nada de lo que entendíamos imprescindible, procurando llevar el menor peso posible, ya que no teníamos en ningún momento vehículo de apoyo. Ander y Txetxu que después de 3 Transpirenaicas tenían la lección muy bien aprendida, enseguida nos dijeron que era lo que debíamos llevar, y una vez anotado, nos fuimos a tomar unos pinchitos al Eme (bar muy típico de Bilbao).

Solamente quedaba una gestión, alquilar los coches con los que iríamos a Figueres. Para ello quedamos Txetxu y yo el día de salida a las 11.30h en Europcar y alquilamos dos Volkswagen Golf TDI donde iríamos Txetxu, Ander y Felix en uno y Fran y yo en otro. Ese mismo día nos reunimos todos en el Hotel Zabalburu, excepto Ander, al que pasamos a recoger a Murguia, y de allí rumbo a Figueres, donde cogeríamos el tren de las 21,30h dirección Llanca, lugar de partida e inicio de la Transpirenaica.

3El viaje fue perfecto, llegamos a Figueres alrededor de las 19,30h por lo que tuvimos que esperar un “ ratito “ hasta que saliera el tren. El tren salió a las 21,30h con puntualidad inglesa y a las 21,45 llegábamos a Llanca donde nos alojamos en el Hotel La Goleta. Un poco cansados por el viaje y después de cenar en una Pizzería en el centro de Llanca nos fuimos a dormir pensando ya, en lo que nos tocaría a partir de ese momento.

No quisiera iniciar el relato de esta ruta sin agradecer a Bikezona el equipamiento que nos entregó para la realización de la misma. No se nos quitó la “b” de bike, pero casi. La ruta merecía el esfuerzo. También a toda la gente que en el transcurso de la ruta nos ayudó a solucionar nuestros problemas mecánicos ( Grandía Bici en Berga ), y aquellos sitios donde nos acogieron y atendieron muy amablemente en especial Hostal Cal Batista en Bagá, Casa de Pages Cal Sadurní en Planoles, Hotel Lamoga en Llavorsí, Casa Carrera en Albanyà y Restaurante Can Jan en Camprodón.

Todo fue más o menos así …

Día 1 Llanca-Albanya

Nos levantamos a las 8,00h para desayunar y nos percatamos de que Fran no estaba en su habitación…. empezamos bien. El colega cree que se ha olvidado las tarjetas de crédito en Figueres y ha tenido que volver a las 7,00h a los coches que dejamos aparcados al lado de la estación para ver si las encuentra, cosa que no ocurre ya que se las ha dejado en Bilbao,  ¡ Ay Dios mío, qué cabeza ¡. Pero bueno, eso es lo de menos y lo importante es que a las diez de la mañana empezamos la ruta con un día soleado y con algunas nubes.

4La ruta se inicia con una leve subida, y después de superar un pequeño collado llegamos a Vilamaniscle. Nos dirigimos a Rabos y en bajada al pueblo Txetxu se irrita un poco ya que sus frenos suenan más de lo normal. Cogemos agua y la siguiente referencia es Espolla, con un desvío a la izda muy peculiar, y Vilartolí, donde llegamos sin ningún problema. Sin embargo antes de llegar a Cantallops, perdemos la referencia y tomamos un camino alternativo, que por suerte, nos lleva al pueblo señalado. Son las dos de la tarde y decidimos parar a comer butifarra y longaniza, toma ya. Después de la comida, que por cierto, estaba cojonuda, iniciamos la marcha, eso sí, con el estomago más lleno pero con el tiempo amenazante, aunque confiamos nos aguante el resto de la tarde. Llegamos a Agullana por carretera y de nuevo por pistas nos acercamos a Darnius bordeando el Pantano de Boadella por el norte, para llegar al collado de la Creu de l´Ocell. Una vez coronado el punto más alto de la etapa (400 metros) llegamos a Sant llorenc de la Muga, pueblo precioso donde paramos a tomar algo y hacer unas fotos, y de ahí al final de la etapa situado en Albanya.

Inicio de la ruta
Inicio de la ruta

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Para nuestra sorpresa el sitio donde teníamos pensado dormir y cenar está cerrado. Menos mal que había una casa rural dos kilómetros antes de llegar a Albanya, donde por cierto estuvimos encantados, ya que la pareja que lo regenta es un matrimonio que se ha dedicado toda la vida a la ganadería, y que quitando unos “pocos“ cerdos que tienen ( 300 ), que los atiende principalmente el marido, se dedican a la hostelería, o eso es lo que quieren. La casa se llama CASA CARRERA, y es una antigua masía del siglo XVIII. Sitio recomendable ya que el trato es muy familiar y la pareja es muy buena gente. A la mujer le dijimos que traíamos hambre y nos saco una fuente de macarrones y otra de pechuga de pollo, más propia de un equipo profesional de ciclismo. La verdad es que nos pusimos ciegos, por lo que a la noche nos tuvimos que dar un paseito para bajar la cena finalizando el día con el cubatita de rigor en el porche de la casa.

Por suerte en ese día no hay que mencionar ningún tipo de incidencia, ni mecánica ni personal, todo fue perfectamente.

Día 2 Albanya – Camprodón.

Salida segunda etapa
Salida segunda etapa

Nos levantamos a las 8,00h, y más que cansados, debido a que todavía era pronto como para estarlo, teníamos un poco de mala leche debido al día que hacía. Yo ya me había despertado un par de veces por la lluvia a lo largo de la noche, por lo que enseguida supe que íbamos a tener una jornada un poco dura. Menos mal que la señora de la casa nos puso un desayuno fenomenal tanto en cantidad como en calidad, y a las 9,30h después de llenar nuestra barriguita estábamos dispuestos para salir, ante la mirada atónita de la señora que nos decía: ¿donde vais con este día?. La verdad es que no era para menos porque el día era malo, malo, malo.

Pero bueno, nosotros a lo nuestro, bien abrigaditos, empezamos la ruta y una vez dejado el camping a la izquierda cogimos la pista que asciende hacia el collado de Bassegoda y el collado de Riu, situado a 1.000 metros, por lo que para empezar debemos superar un desnivel de 750 metros. La subida no es que fuera extremadamente dura pero debido a su estado, bastante pedregosa y a la lluvia, se nos hizo un poco pesada. Una vez superada esta primera tachuela, tuvimos una bajada trepidante hasta el cruce Can Banal, situado a 170 metros, punto kilométrico 30, pero antes pasamos por un pueblo llamado Sadernes donde debido a la gran caladura que llevábamos, decidimos parar y tomar una leche caliente. Después de discutir un poco, si nos quedábamos a comer en ese bar o íbamos al Hostal Vall d´en Bac, decidimos continuar ya que tal vez era un poco pronto para comer. Nos quedaban 22 Km para llegar en unos tramos de constante subida, por lo que nos pusimos de nuevo toda la ropa calada, y continuamos la marcha. Alrededor de las 15,30h llegamos al Hostal con más hambre que el perro de un ciego, y aquí es donde se produce la anécdota del día, porque nosotros que pensábamos que iba a ser un Hostal como Dios manda, nos encontramos un local donde en principio no había nadie, y después nos recibió una “dueña”, muy, pero que muy peculiar.

Llegada al Hostal de Ana
Llegada al Hostal de Ana
De charleta
De charleta

Fran y yo que llegamos un poco antes que Felix, Txetxu y Ander, nos dijimos: «cuando vengan estos van a flipar». Todavía me acuerdo que la chica al vernos empapados, lo primero que hizo fue darnos unas camisetas moradas, mientras nosotros dejábamos toda la ropa en la chimenea para que se nos secara. Una vez todos con la misma camiseta, , que yo no se en que rastro las habría comprado, pero eran todas iguales, alguna con más agujeros que otras, la tía alucinaba y nos decía: “joder, qué pasada, todos con mis zamaretas “. La verdad es que la tía era maja, pero estaba muy colgada. Tenía dos perros, uno muy majo, pero el otro era feo, tuerto , le llamaba “okupa”, ya que por lo visto un día se presentó en su casa y ya no se marchó. Después de todo esto podéis imaginaros lo que pasaba por nuestra cabeza al respecto de la “comidita”, porque lo primero que pensamos después de ver el local, por cierto, la Hostería mas antigua de Cataluña, la dueña, la cocina y demás, fue que si no palmábamos después de comer aquello, viviríamos cien años, aunque amigos, en ese momento no teníamos elección, era comer aquello o morir. El menú consistía de habas y lomo con salsa. Las habas estaban de llorar, y la salsa del lomo yo creo que se la tenía preparada para el perro okupa, pero al llamar nosotros para ir a comer, esta dijo: “yo se la coloco a estos”. Llegamos al postre y yo me tomé un vaso de leche con un paquete entero de galletas, para matar el sabor de lo anterior, la tía alucinaba al verme comer las galletas de cuatro en cuatro. Después de comer estuvimos de tertulia haciendo risas con Ana y su novio, que por cierto solo tenía dos dientes, pero era muy simpático. Se fumo un porrillo y cogió un colocón impresionante, la verdad es que como lugar anecdótico se merece un diez, aunque si tenéis hambre no vayáis a comer allí ni de coña.

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A las 17.30h iniciamos de nuevo la marcha, eso sí, ¡ había dejado de llover ¡. Nos dirigimos a la collada de Sant Pau, para llegar al final a Camprodón. Nos quedaban más o menos 20 Km en leve subida ya que el desnivel a superar era de 350 metros. Alrededor de las 20,00h llegamos a Camprodón , un pueblo precioso, y de los mejores conservados de todo el pirineo oriental. Nos alojamos en el Hotel Guell, y después de ducharnos, decidimos resarcirnos de la “comidita” de la mañana y nos fuimos a cenar al restaurante Can Jan, donde nos dieron de cenar de fábula, maravilloso, lugar altamente recomendable, tanto por la calidad de la comida como por el trato recibido. Después de un paseo por el pueblo para bajar un poco la cena nos fuimos a descansar ya que la jornada fue bastante durilla.

Día 3 Camprodón – Planoles.

Ya la noche anterior nos estábamos preparando, y a pesar de todavía no estar demasiado cansados, el texto del libro nos indicaba que era una etapa difícil y de alta exigencia física debido al desnivel que teníamos que superar con rampas que en algunos casos superaban tanto en dureza como en longitud al famoso Angliru, y en este caso os lo digo con conocimiento, ya que lo subí hace dos años, sobre todo el tramo antes de llegar a Vilamanya

Camprodón
Camprodón

El día amaneció fantástico, y eso nos dio ánimos. Salimos de Camprodón a las 10 de la mañana y después de un tramo de carretera nos dirigimos hacia Tregurá, para una vez allí llegar al Collet de la Gralla situado a 2.060 metros de altitud. El desnivel superado en esta primera parte de la etapa supera los mil metros, la pista es buena y con una inclinación moderada, aunque obviamente larga, por encima de los 20 kilómetros. Una vez en el Collet de la Gralla nos encontramos con las primeras nieves y aprovechamos la ocasión para darnos unos pelotazos curiosos. Seguimos en descenso hacia la Collada de Meianell, para posteriormente bajar hasta Ribes. La bajada, por cierto «muy elegante». Una vez allí y después de equivocarnos en un tramo llegamos al cruce antes de Queralbs. Se produce nuestro primer problema técnico, un simple pinchazo que reparamos al momento. Comimos tirados en una campa, pero con un día maravilloso, donde dimos buena cuenta de la butifarra.

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Una vez en Queralbs, nos preparamos a subir los repechos mencionados anteriormente, vaya tela, eso son cuestas, lo demás juego de niños. Subimos por la pista de les barraques y una vez en el alto ( 1.650 metros ), iniciamos el descenso hacia Planoles, un pueblo muy recogido y bonito alojándonos en el Restaurant de Montaña Cal Sadurni, una Residencia Casa de Pages formidable, además cuando llegamos había un grupo de personas que no recuerdo qué celebraban, pero que lógicamente al vernos llegar fuimos una atracción para ellos, porque ya empezábamos a estar un poco “curiosos”.

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Al anochecer refrescó bastante, por lo que antes de la hora de cenar, y una vez aseaditos, nos sentamos al lado de la chimenea, como el abuelo, y nos relajamos un poco. Cuando llegó la hora de cenar, cena de muy mal recuerdo para nuestro compañero Fran, porque algo le debió sentar mal, la verdad es que nos pusimos ciegos, como todas las noches. Quiero comentar que en la cena compartimos mesa con un par de andarines, que nos metieron una chapa curiosa sobre sus experiencias, aunque luego les puteamos un poco Fran y yo, metiéndoles un poco bulla por la noche. La verdad es que estuvo gracioso ya que como estaban en el piso de abajo, y nuestro suelo era de madera y se oía y casi se veía todo, anduvo el andarín dando con la escoba en el techo diciéndonos que si no nos habíamos cansado lo suficiente, joder que si nos habíamos cansado, pero bueno somos de Bilbao y tenemos mucha marcha. De todas maneras el motivo de la pelotera fue la discusión que tuvimos Fran y yo sobre el número de tres-miles que hay en Pirineos, contando collados, subcollados, cimas y cocimas. Bueno, esto último en plan de coña pero la verdad es que hicimos unas risas. Deseo deciros que esa noche me costó ir a la cama porque tenía que compartirla con Felix, creo que era de 1,35, pero Felix con su 1,90 y que siempre dormía en pelotari, para mi era un poco duro. Pero bueno, por lo menos esa noche tuvo la delicadeza de “cubrirse”, y arrinconarse bien en su lado de la cama. Al final después de que consiguiéramos que el andarín hiciera un poco de brazo con la escoba, me retiré a la camita, y con mucha delicadeza me puse en el lado que me dejó Felix.

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Restaurant de Montaña Cal Sadurni

Día 4 Planoles – Baga

Si ya en la etapa anterior, habíamos “descubierto” los Pirineos, ya que las primeras etapas eran más prepirenaicas, la cuarta etapa empezaba a ser bastante dura por dos razones fundamentales, una el cansancio acumulado, que será un factor que cada vez más irá en nuestra contra, y por otro lado la distancia y el desnivel que teníamos que superar, por encima de los 1.700 metros. Para colmo a nuestro compañero Fran la charla de anoche le sentó mal y se ha tirado toda la noche en el baño, por lo que la carita que tenia no era la más apropiada para superar esa etapa. Prácticamente no desayunó e intuimos que el día para él iba a ser muy duro. Por lo menos el día era espléndido y a las diez menos cuarto de la mañana iniciamos la marcha.

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Al salir cogemos la pista de la collada de Toses que pasa por Fornells de la Muntanya. Ascensión moderada hasta la collada, llegando a los remontes más orientales de la estanción de esquí de La Molina, donde la ascensión se hace más dura hasta el restaurante del Cap de Costa Rasa. Desde la collada del Pedro (1.820 metros ), donde se acaba la carretera, hasta Cap de la Costa Rasa, subimos por la estación de la Molina. Ni que deciros que en este tramo, si ya en el primero que era de asfalto Fran estaba que se moría empujando la bici constantemente, era una alma en pena. Yo en algunos tramos intentaba ayudarle empujándole por la espalda, pero la verdad es que estaba francamente mal.

Una vez en Cap de Costa Rasa,  dejando un remonte a la izquierda, iniciamos el descenso por las pistas de ski bordeando la Montaña Sagrada, camino pedregoso y empinado pero muy cañero y emocionante, hasta llegar a la base del antiguo telesilla de la Tosa d´Alp.

Cogimos la carretera para meternos por un sendero enlazando con la carretera de La Molina a La Masella, iniciando en ese punto el ascenso al Coll de Pal, con unas rampas iniciales de morirse. En este punto Fran, o mejor dicho lo que quedaba de él, subía el hombre como podía, ya que casi no tenía fuerzas para empujar la bici, pero bueno es un tío con casta y a la chita callando, ya que ese día no habló nada, iba avanzando.

La postura de Txetxu no tiene precio
La postura de Txetxu no tiene precio

Antes de llegar al Coll de Pal situado a 2.110 metros, la pista se convierte en carretera, y se hace un poco más llevadero. Además en este punto, tuvimos un guía excepcional, ya que subiendo por las pistas nos encontramos con el jefe de la escuela de la estación de esquí de La Masella. El iba en moto y nos indicaba el terreno y los desvíos además de orientarnos y decirnos  lo que nos quedaba, información muy importante para nuestro querido amigo Fran. Una vez en el Coll de Pal, había dos opciones, una bajar el puerto por la carretera hasta Baga, y otra bajar por la pista de la derecha, que remonta hasta el collado de Bofia, y que en un bonito descenso nos llevaba hasta Can l´Hospitalet y posteriormente, por carretera hasta Baga. Yo decidí acompañar a Fran bajando el puerto por carretera, y Felix, Ander y Txetxu optaron por la segunda opción, donde desgraciadamente se produjo el primer problema técnico serio de la ruta, ya que Felix rompió el buje trasero.

Al llegar Fran y yo al pueblo empezamos a buscar un sitio donde alojarnos, y al final nos decidimos por el Hostal Cal Batista, un sitio recién reformado y que estaba bastante bien. Las habitaciones estaban muy bien y no daban mal de comer. El problema era como solucionar la reparación del buje de Felix, por lo que después de buscarnos la vida en el pueblo y no encontrar ninguna solución, al final nos informaron que en un pueblo cercano, concretamente en Berga, había una tienda de bicis, Grandía Bici, donde nos podían reparar la avería. Dicho y hecho, contactamos con ellos, y Felix quedó a las 9 de la mañana con el dueño de la tienda, el problema fue el madrugón que se tuvo que dar el amigo para llegar a la hora.  Ese día acabo como siempre, cena en abundancia, y por suerte Fran empezó a recuperarse, cubatita de rigor y paseo por el pueblo.

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Pista de esquí de La Masella al fondo
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Solucionando problemas antes de la salida etapa 5

Día 5 Baga –Noves de Segre

Una vez superado el ecuador de nuestra travesía y con las piernas ya un poco cansadas, sobre todo al principio de las etapas era cuando más “duras” las notábamos, aunque luego poco a poco y con el paso de los kilómetros nos íbamos encontrando mejor. Por suerte, Fran se ha recuperado totalmente, y una vez superada la etapa de ayer, hoy se encuentra mucho mejor. El problema lo tenemos con Felix, que no aparece en el Hotel hasta las doce del mediodía, pero por lo menos, con una rueda nueva, la suya la ha tenido que enviar por Seur a Bilbao.

El día era muy caluroso y pesar de salir tarde tenemos la suerte de que la etapa transcurre por pistas fáciles y cómodas. Iniciamos la marcha por la carretera de Gisclareny, que dejamos para coger una pista que nos lleve al Coll de Bena y posteriormente, al punto más alto de la etapa, el Coll de Jaca situado a 1.900 metros. Comentar que la subida hasta el Coll de Bena es preciosa por una pista con una inclinación moderada y con unas vistas espectaculares en el trayecto hasta el Coll de Jaca. La bajada hasta Josa de Cadí, un pueblo maravilloso, es acojonante, y de ese punto a Tuixen, espectacular. Yo creo que hasta este momento y con la bajada por las pistas de esquí de la estación de La Molina, el tramo más cañero con diferencia.

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Espectacular

Una vez en Tuixen situado a 1.200 metros, continuamos el descenso hasta La Barceloneta, por todo el valle de La Vansa, no sin antes equivocarnos y hacer mas de 200 metros de desnivel adicional debido a una errata en el libro, ya que en el punto kilométrico 45,90 donde nos dice, “ dejamos a la izquierda la pista de Ossera”, es todo lo contrario, tuvimos que coger a la izquierda, y posteriormente no coger ningún desvío ni a Ossera, ni a Surribes, continuando por la pista hasta llegar al Coll de Arnat situado a 1.200 metros.

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La pista es fenomenal y con un desnivel muy llevadero. El descenso a Castella de Tost es también muy cañero y pedregoso pero a su vez muy bonito, aunque llegas al final con las pilas puestas. Una vez allí, llegamos al cruce que nos lleva a Noves de Segre, donde nos alojamos en el Hotel Cal Maties, sitio poco recomendable, prácticamente por todo, habitaciones penosas con unos colchones en los que te hundías hasta el suelo, cena malísima, trato muy poco cordial, en fin creo que es uno de los sitios donde no me van a volver a ver, ni a mí ni a mis colegas, porque Felix estaba de una mala hostia de la leche, pero en fin querido amigo, siempre no podemos acertar. Por lo menos la noche era fantástica e hicimos una pequeña tertulia en la calle, eso si, con nuestro cubatita, y después de un buen rato de charla al catre, nunca mejor dicho.

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Día 6 Noves de Segre- Llavorsi.

Como era de esperar el desayuno estaba desgraciadamente acorde con el resto de los servios del Hotel, por llamarlo de alguna manera, pero bueno, comimos lo que pudimos, el día era fantástico y después de solucionar Felix el problema que tuvo con la cadena, iniciamos la marcha a las nueve y media de la mañana. Salimos del Hotel y cogemos el desvío hacia Noves de Segre, una vez allí, seguimos una carretera estrecha que nos llevó a Argestues, situado a 1.000 metros. Hay que tener en cuenta que desde el cruce hasta el punto más alto de la etapa, que por cierto, lo hacemos de un tirón, hay 1.100 metros de desnivel. En Argestues se acaba el asfalto y cogemos una pista a la derecha en moderado ascenso hasta que llegamos a Cassovall.

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Menuda subidita nos espera

En ese punto nos detenemos a refrescarnos un poco en una fuente, porque pega una solana de escándalo, cogiendo la carretera a la izquierda que nos llevara a Pallerols. Recuerdo que en ese punto Txetxu, que ya empezaba a estar un poco frito preguntaba a un lugareño, dónde había una frutería, pero allí no había nada. Continuamos la ruta cogiendo una pista a la izquierda que nos llevara hasta Coll de Leix, el punto más alto de la etapa. De ahí, y por una pista muy buena llegamos a Sant Joan de Lerm, primera estación de esquí nórdico situada en el Alto de Urgell, en la falda del Pic de Orri de 2.400 metros de altitud. Llegamos con un hambre de espanto, y la verdad es que el chico de la estación nos atendió muy bien y nos puso unos bocatas de tortilla y bonito tremendos.

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Fran y Txetxu oteando el horizonte

El sitio es altamente recomendable. Una vez saciado nuestro voraz apetito, iniciamos el descenso hasta Llavorsí pasando por los restos de la ermita de Sant Joan Vell y dejando atrás el pequeño pueblo de Montenartro. Los últimos cinco kilómetros hasta Llavorsí los realizamos por carretera, siguiendo el curso del Noguera Pallaresa. En esta etapa Felix sigue sumando puntos en lo que hace referencia a problemas con su bicicleta, ya que raja la cubierta de su bici, y para colmo en el descenso de Montenartró a Llavorsí, “le pincha la bici” a Ander, ya que anteriormente habían hecho un pequeño intercambio, para que Ander disfrutase un poco de una “full suspensión” como él las denomina.

En este punto Txetxu para no ser menos rompe la llanta, que nos genera un pequeño problema para el día siguiente, pero bueno eran las cinco de la tarde y se me ocurrió que podíamos matar el día metiéndonos un Rafting en el cuerpo. Dicho y hecho, además tuvimos la suerte que nos encontramos con Xabi un buen amigo mío, con el que hace dos años hice un curso de Kayak y un par de descensos en Rafting. Hicimos el tramo Llavorsí-Rialp, lloviendo a tope, pero lo pasamos de coña, sobre todo Ander, Txetxu y Fran, que no lo habían hecho anteriormente. Fran estuvo muy gracioso porque en una maniobra que nos hizo el guía, salió volando como un spunik por un lateral de la barca. Lo que nos pudimos reír. Bueno, llegamos a Rialp, y regresamos de nuevo a Llavorsí, donde después de una relajada ducha, teníamos hambre para repartir, aunque tuvimos que esperar a Txetxu, ya tuvo que ir a un pueblo de al lado a solucionar el problema de su llanta, pero, menos mal, lo consiguió reparar.

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Txetxu …manitas

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El Hotel donde estuvimos alojados en Llavorsí, era el Hotel Lamoga, donde nos trataron muy bien y nos dieron de cenar en cantidad formidablemente. Esa noche, cómo no, a pesar de estar reventados, hubo cubatita, y Fran y yo, dimos un paseíto por el pueblo hasta las doce de la noche. Al final caímos como unos bebés, pero contentos, porque el día nos había salido redondo.

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Día 7 Llavorsi-Espuí

Nos estamos acercando al final de nuestro objetivo, y de momento hemos solucionado todos nuestros problemas de la mejor manera posible. La verdad es que el itinerario que nos espera es por pistas cómodas y en muy buen estado, pero la subida, sin apenas tramos de recuperación se nos hizo bastante durilla. El desnivel que tuvimos que superar en esa única ascensión fue de 1.440 metros, llegando al Coll de la Portella, situado a 2.250 metros.

El día fue también muy bueno y menos mal que el amigo Fran se llevaba todas las moscas. Hicimos un par de paraditas para coger agua y para comer y la verdad es que llegamos al Coll de la Portella bastante tarde, pero cierto es que nos lo tomamos con bastante calma. Txetxu empieza a estar un poco cansado, y bueno, aunque en algunos tramos nos distanciemos un poco, procuramos mantener la unidad en el grupo. La verdad es que todavía me acuerdo de sus formidables tumbadas en las campas, en algunas de ellas parecía que había palmao, pero bueno, luego se recuperaba, y hay que decir que se portó como un jabato, a veces un poco herido, pero siempre terminaba de buen humor.

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Felix, Ander, Fran y Txetxu.

Una vez en el punto más alto de la etapa, iniciamos el descenso por una pista sinuosa y bastante empinada hasta Espui, en este punto como le vi a Txetxu un poco tocado decidí bajar con él mientras Fran, Felix y Ander bajaron follaos. Para colmo pinchó, y nos retraso un poco la llegada al pueblo, aunque no teníamos ninguna prisa. La verdad es que al final de esta etapa estábamos todos bastante cansados. Y Fran, que mecánicamente no había tenido ningún problema, no quiso ser menos y rompió un radio, aunque nuestro mecánico jefe Felix, lo solucionó rápidamente.

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Lo que no nos esperábamos, que en la única casa donde podíamos alojarnos, no daban cenas. Joder, lo que nos faltaba, con el hambre que teníamos. El abuelete nos dijo que a un kilómetro por la carretera había una casa donde tal vez nos darían de cenar. Bueno, después de llegar a la casa, el dueño, que estaba un poco atareadillo, nos dijo que si no estábamos alojados en la casa, no nos daba de cenar, por lo que le tuvimos que llorar bastante sobre todo Felix y Ander, porque a mí no me gustó el trato que nos ofreció, pero a pesar de todo, al final nos dió de cenar, pero nos tuvo en el hall de la casa como idiotas más de media hora. Lo mejor vino después de la cena porque una vez que salimos de la casa, teníamos que llegar a Espui y la carretera no estaba iluminada. Una vez que se perdieron las luces de la casa donde habíamos cenado, no veíamos absolutamente nada, pero nada de nada, imaginaros que no podíamos ni dar un paso porque no sabías donde pisabas, menos mal que apareció un coche y con las luces nos guiamos hasta la carretera principal, y una vez allí siguiendo la línea blanca lateral de la carretera, que era lo único que podíamos ver, conseguimos llegar al pueblo. La dueña de la casa donde estábamos alojados nos puso un cubatita, y tirados en la pequeñita plaza del pueblo nos lo tomamos haciendo unas risas recordando “el paseito”.

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Parece que llegamos arriba un poco cansaditos
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Bajada a Espui, increíble

Día 8 Espui – Pont de Suert

Y por fin, llegamos al último día de nuestra ruta. El día es formidable, e increíblemente, la ruta empieza con ¡ DESCENSO ¡. Este primer tramo es por carretera y después de bajar cinco kilómetros cogemos a la derecha un desvío dirección Guiró, carretera asfaltada de pendiente moderada. De ahí al la ermita de Coll, tenemos un tramo donde tenemos que empujar bastante la bicicleta, ya que el tramo no es ciclable, y por cierto bastante duro. En ese punto y superado un collado, de los que le gusta a mi amigo Fran, iniciamos un descenso bastante técnico hasta Mola d¨Amunt. El calor en ese momento era un poco agobiante, y endureció la subida hasta la cota máxima de la etapa situada a 1.610 metros, después de atravesar los pueblos, Sentís, Sas y Erta. En un rápido descenso la pista nos conducirá hasta Castellars, y desde allí por carretera alcanzamos Malpas. El final de nuestra ruta ya lo sentimos cerca, y eso nos anima bastante, ya que entre los kilómetros acumulados y el calor que hacía, estábamos un poco cansados, además Txetxu llegaba un poco tocado ya que tuvo una pequeña caída, Ander había pinchado, y nuestro querido amigo Felix como casi siempre, había vuelto a pinchar también, y para más inri, a diez kilómetros de la llegada rompe “de nuevo” la cadena. Bueno la verdad es que como casi siempre, no teníamos ninguna prisa, y de lo malo, malo, el super mecánico Felix controla bien los arreglos.

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Llegando a Pont de Suert

Una vez subsanado el problema solo nos quedaba iniciar el descenso por carretera desde Gotarta, hasta Pont de Suert. Y fue entretenido, porque en ese puerto se estaba efectuando una cronoescalada, de la Vuelta a Lleida, por lo que nos cruzábamos con todos los ciclistas en pleno esfuerzo.

Una vez en Pont de Suert, estando todos en perfecto estado, que era lo más importante, tuvimos dificultades para encontrar alojamiento, ya que con el jaleo de la Vuelta estaban todos los Hoteles llenos, pero al final conseguimos encontrar un apartamento donde alojarnos.

La cena de esa noche sí que fue buena, no por el sitio, ni por la comida, más bien por ver que todo había salido perfecto, tanto en lo referente a problemas con las bicis, ya que todos los que tuvimos de una manera u otra los solucionamos, como a caídas o problemas físicos, que quitando ese día malo de Fran todos los demás no tuvimos ninguna pega. Después de cenar, cómo no, cubatita y a dormir, que al día siguiente nos teníamos que levantar a las cinco de la mañana para coger el autobús que nos llevaría a Lerida, a las seis de la mañana.

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Reto conseguido. Un brindis amigos

Día 9 o lo que es lo mismo, el de regreso.

Después de casi 500 kilómetros por las montañas, la verdad es que uno se encuentra un poco cansado, pero satisfecho de lo realizado, porque una movida de estas características, siempre tiene su componente de aventura y riesgo. Hay que tener en cuenta que no llevábamos vehículo de apoyo y eso ante cualquier problema serio complica aún más la situación. Por suerte, y a pesar de que el terreno en algunas ocasiones era propicio para ello, no ha habido prácticamente caídas, los problemas técnicos no han sido insalvables, y la salud nos ha respetado a todos excepto ese día tonto de Fran, por lo que la conclusión y la sensación final es altamente satisfactoria.Ya solo nos queda esperar al año que viene para repetir, eso si, la segunda parte, y poder poner una cruz a una de las rutas más típicas de los bikers de montaña.

Gestión del espacio
Gestión del espacio

Eran otros años, íbamos con otras máquinas, con alforjas y seguramente peor ropa que la que podemos llevar hoy, pero disfrutábamos a tope. Cuando recuerdo estas movidas, me alegra ver que han pasado los años y no hemos perdido ese espíritu de locura que siempre nos ha hecho y siempre nos hará diferentes a los bikers.

Seize the day.

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