
Me gustaría empezar esta crónica agradeciendo a todo el equipo que ha hecho posible este evento deportivo en la comarca de Rionansa en Cantabria. Equipo incombustible que no solo se conforma con organizar una de las pruebas más importantes del panorama ciclista como son «Los 10.000 del Soplao».
Gracias Chuchi, Cali, Juán Vega y Dany, lo habéis vuelto a hacer, sois unos fenómenos con un espíritu y un afán de hacer bien las cosas admirable. ¡¡¡Como no!!!!, muchas gracias a esos anónimos que siempre están pendientes de nosotros en todo momento, médicos, protección civil, cruz roja, y sobre todo a todos los voluntarios que han ayudado a que todo fuera posible. No quisiera olvidarme de toda la gente de la comarca que como siempre nos han tratado como si estuviéramos en nuestra casa. Una mención especial a Pedro alcalde de Cosío, que me consta se ha involucrado mucho en este proyecto.
Gracias a tod@s. Gracias Cantabria, soy de Bilbao pero he de deciros que sois una gente maravillosa.
Cuando las cosas se hacen con cariño, con ganas de agradar, con pasión por este deporte, el resultado está garantizado y la verdad es que las impresiones de todos los que hemos participado este año, han sido sin ninguna duda de que volveremos en próximas ediciones.

La prueba ha tenido lugar los días 28, 29 y 30 de Abril con un formato nuevo, atrevido, innovador y hasta diría arriesgado, pero es la forma de hacer las cosas de Chuchi y su gente y la verdad es que el resultado ha sido increíble.


La prueba consistía en 3 etapas, una nocturna, una segunda en línea y una última contrarreloj que haría que muchos de nuestros corazones se quedaran en la comarca. El mío creo que todavía está en la última rampa.


La etapa nocturna la afrontamos con unas condiciones climatológicas delicadas ya que en los puntos altos la temperatura no superaba los dos grados. La salida fue a fuego y enseguida el grupo se partió en varios pedazos. Mi compañero al cambiar la tija, creo que no la puso a la misma altura de la habitual, hecho que hizo que tuviera calambres en los gemelos a partir del km 10. Ese hecho condicionó nuestra etapa ya que tuvimos que moderar de manera importante nuestro ritmo para evitar males mayores.
La segunda parte de la bajada a Quintanilla fue horrible con un frío en las manos que casi no nos permitía frenar. Yo le decía a Nicolás, «Esto es el espíritu del Soplao, el Infierno Cantabro». Aunque en el infierno dicen que hace calor, siempre pasamos un frío de la leche, pero como digo yo, siempre gozando a tope.
Afrontamos la segunda subida con ganas de entrar en calor y de volver a sudar un poco, y después de superar unos buenos repechos iniciamos la bajada por pista más cómoda y rápida que la anterior. La ruta tenía una sorpresa al final ya que cuando creíamos que llegábamos a meta nos calzaron un subidón de muerte, teniendo que apretar los dientes para no poner pie a tierra. Una vez superado, llegamos a meta con ganas de darnos una ducha calentita, comer un poco y a dormir rápido ya que en 8h iniciábamos la etapa en línea.

Se notó en la salida que los cuerpos no estaban como el día, o más bien, las horas anteriores ya que se hizo a un ritmo mucho más tranquilo. La etapa era dura con tres subidones más que considerables y encima el primero con un calor que nadie esperaba. Una vez en el alto Braña seis piedras, pateo con la bici por exigencias del personal de montes antes de iniciar el descenso que nos llevaría al inicio de la subida al Negreo. Nicolás sigue con calambres pero aguanta como un jabato encima de la bicicleta, y yo a pesar de tener también algún amago me concentro en animarle a tope para que su ritmo no baje. Le conozco mucho y es un tipo duro, con raza, por lo que después de un largo descenso llegamos a Tudanca con fuerza y ganas de afrontar la terrible subida al Collado Abellón.


Una vez finalizado, bajada por pista y antes de llegar a meta tuvimos que superar una zona un poco rota con mucho agua y con una bajada muy técnica teniéndola que afrontar con mucha concentración. Llegamos a meta cansados pero contentos por haber finalizado una etapa muy exigente. Ya solo nos quedaba una contrarreloj corta, pero tremendamente dura, por lo que teníamos que comer bien y recuperar todo lo que pudiéramos.






La última etapa era una subida de 4 kilómetros que en su lucha con el crono se hace muy dura, ya que son 27 minutos 03 segundos, en mi caso, en los que vas a tope. Empece muy fuerte y enseguida Nicolás se puso delante de mi tirando como un animal. ¡¡¡¡Como te has recuperado!!!, pensé. En el kilómetro 3,5 kms me descuelgo ya que no puedo aguantar con el hasta el final. Su tiempo al finalizar la crono 26 minutos 16 segundos, bravo compañero.









Y para finalizar este fantástico fin de semana en Rionansa, una buena paella, que nos supo a teta, como se suele decir. Muchas gracias a los cocineros, que por cierto son unos artistas, ya que hicieron tres paellas espectaculares.

No quiero olvidarme de Fidel y su mujer, propietarios de la Posada de Fidel. Han conseguido que nos sintiéramos como en casa. ¡¡Gracias Fidel, majo!!

Y como no, gracias Rionansa, muchas gracias por todo. Nos vemos el año que viene, o tal vez mucho antes, Un año es mucho tiempo sin volver a disfrutar de un entorno, de unas montañas y de un pueblo maravilloso.

Gracias amigo
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